viernes, 3 de junio de 2011

Gigante con pies de barro (abr11)

Después de varios años militando en las filas de IULV-CA, años en los que he tenido oportunidad de conocer los entresijos e intimidades de lo que venimos a llamar política; años conociendo y compartiendo inquietudes e ideas; años luchando desde mi humilde parcela por mejorar el mundo que nos rodea; no puedo sino preguntarme ¿Qué aspiraciones tenemos como organización política? ¿Cuál es el fin último que tenemos? ¿Nos hemos vuelto conformistas a según qué niveles?

Para intentar dar respuesta a estas preguntas, aún pudiendo resultar reiterativo, me surge una nueva cuestión. ¿Qué motiva a un individuo a participar activamente en una organización política?

No creo que esté bien generalizar, pues soy de los que opina que cada persona es un mundo. Por más que pueda coincidir ideológicamente un grupo humano, dudo que existan dos personas que compartan al cien por cien la totalidad de sus ideas, planteamientos, aspiraciones, condiciones éticas y morales, etc.

Sin embargo me aventuro a pensar que, al menos en esta organización, aquel o aquella que participa activamente es porque tiene la legítima aspiración humana de construir un mundo mejor, más justo, más solidario, en definitiva buscar esa utopía social que nos permita a todos ser más felices.

Para conseguir este objetivo resulta lógico que aquellas y aquellos que comparten esas aspiraciones busquen asociarse representando aquello de que “la unión hace la fuerza”. Pero si intentamos alcanzar tan nobles objetivos, ¿Por qué somos una minoría? ¿Por qué nuestro mensaje no trasciende como cabría pensar?

Los obstáculos a los que se debe enfrentar una organización como la nuestra son muchos y variados. Hablaremos de boicot mediático, de bipartidismo, de leyes electorales,…pero por desgracia ese es el mundo en el que vivimos, el contexto real que nos rodea, la sociedad en la que estamos y que aspiramos a cambiar.

Es por tanto lógico que partamos de ese contexto, pues es el que tenemos, y que a partir de él trabajemos para cambiarlo.

Cualquier estructura que se trabaje tiene que tener unos buenos cimientos, y esos cimientos deben estar bien asentados en el terreno. Cualquier otra cosa hará de esa construcción una estructura inestable, un gigante con pies de barro que se sostendrá a duras penas.

Para imaginar la sociedad del futuro tendremos que partir de la que tenemos actualmente, y de la misma manera que nadie que construyera su casa le pondría las paredes antes de los cimientos, ni el techo antes que las paredes, nosotros tenemos que saber que para llegar a la utopía tendremos que partir de lo no-utópico.
Todo esto me da la respuesta a una de mis anteriores preguntas. El fin último de esta organización es cambiar la sociedad.

Conociendo nuestro fin último ya podemos deducir que otros objetivos que nos marcamos no son más que herramientas, medios de los que valernos para alcanzar nuestro objetivo final. Un medio es nuestro trabajo, un medio es nuestro ejemplo y coherencia, un medio es nuestra organización política, y un medio es ganar elecciones.

Un medio es nuestro trabajo, ya sea profesionalmente, en el ámbito político o en cualquier otra parcela. De la misma forma que una casa se construye ladrillo a ladrillo, una sociedad mejor se construye con el trabajo de todos y todas, colaborando y participando, aportando ideas y esfuerzo, como una gran máquina donde cada engranaje es importante. De la misma forma que si a la máquina le quitamos la pieza más pequeña deja de funcionar, todas las aportaciones son necesarias para el mañana. No debemos olvidar que el futuro debe de ser obra de todos y no de una autoproclamada élite iluminada.

Un medio es nuestro ejemplo y nuestra coherencia. No se puede decir una cosa y hacer otra distinta. Ser incoherentes con nuestro discurso no es más que restarle credibilidad. Si nosotros que defendemos determinadas ideas no creemos en lo que decimos, difícilmente podemos pretender que nos crea nadie más.

Un medio es nuestra organización política. Un punto de encuentro donde confluimos gentes que compartimos un fin. Un lugar donde nos organizamos, nos coordinamos y trabajamos. Una herramienta que nos permite trasladar nuestro mensaje y llevarlo a cabo en la medida de nuestras posibilidades. Un lugar donde, como se dijo anteriormente, “la unión hace la fuerza”.

Y un medio es ganar elecciones. Como reflexionaba anteriormente debemos partir del contexto real, de la sociedad en la que nos ha tocado vivir y deseamos cambiar, y por suerte o por desgracia, los grandes cambios vienen en gran medida de la mano de las políticas que logren desarrollar los gobiernos.

Son muchos los ejemplos a niveles municipales de la transformación a mejor que dan nuestros pueblos y ciudades cuando podemos llevar a cabo nuestras políticas. Es la demostración práctica de que otra forma de gobernar es posible, el ejemplo de que un mundo mejor no solo es factible sino que está al alcance de la mano.

Sin embargo ya hemos dejado claro que no es un fin, sino un medio. Debemos acercarnos a nuestro objetivo final y para ello se hace necesario ganar elecciones, y no solo a nivel local, sino andaluz y estatal.

Da la impresión que con el paso de los años nos hemos vuelto conformistas. Parece que nos creemos que nuestro techo electoral en Andalucía y el estado son cosas del pasado, de tiempos que difícilmente volverán, conformándonos con pequeñas subidas electorales cuando no con mantenernos.

Personalmente me resulta difícil de digerir la euforia contenida de nuestros dirigentes cuando las encuestas o los resultados dan pequeñas subidas, hasta cierto punto simbólicas. No puedo más que preguntarme ¿Ya está? ¿Con eso nos conformamos? ¿Con ese respaldo vamos a cambiar la sociedad? A todo esto hay que sumarle que si analizas la situación económica que vivimos no sirve más que para indignarte aún más.

Vivimos la crisis económica más brutal que mi generación ha conocido. El paro, la precariedad laboral, la pérdida de derechos, un suma y sigue al que los poderes no saben o no quieren darle más solución que más de lo mismo. Más recortes, más pérdida de derechos, más políticas neoliberales. Y por si esto fuera poco todo llevado a cabo por un partido socialista que se autodenomina de izquierdas (un gran ejemplo de incoherencia). Y ante esto ¿Nos conformamos con pequeñas subidas electorales?

Siempre habrá alguien que lo justifique con la pasividad social, con la desmovilización o con la desmotivación de la gente. Pero ¿Hasta qué punto no tenemos algo de responsabilidad en el tema? ¿Hemos sido capaces de motivar o ilusionar? ¿Qué estamos haciendo o diciendo para que, pese a todo lo que está ocurriendo, la gente no termine de confiar en nosotros?

Creo que estas últimas cuestiones deberían provocar cierta reflexión general. Estamos aquí con un objetivo y debemos dar respuesta a estas preguntas si pretendemos aspirar a alcanzarlo. Podremos saltar de alegría si conseguimos duplicar nuestro número de diputados en Madrid. Podremos mostrar nuestra euforia si subimos uno o dos parlamentarios en Andalucía, pero seguiremos estando lejos de alcanzar el objetivo que nos ha reunido.

Samuel Domínguez Domingo