Estas propuestas pretenden reseñar una serie de puntos que, según mi opinión, deberían tenerse en cuenta para la más que necesaria refundación de IU.
Partiendo de la base que en los últimos años IU ha perdido no solo peso específico en las instituciones y en la sociedad, sino además credibilidad como organización política y social. Independientemente de los distintos factores externos que hayan podido llevarnos a esta situación, y asumiendo que gran parte de la responsabilidad de estos sucesos se deben a condicionantes internos. Y teniendo en cuenta que la situación política y social actual es propicia como ninguna otra para aumentar la influencia de esta organización, de izquierdas y con un marcado carácter social, cualquier cosa que no implique el crecimiento de IU debe ser considerado como un fracaso.
Teniendo en cuenta lo anteriormente expuesto, la refundación real de IU debe tener en cuenta:
1- Los documentos deben ir acompañados de un plan de trabajo. Estamos más que acostumbrados que con la llegada de nuevos procesos asamblearios se presenten documentos donde se representan a las distintas sensibilidades de IU. Estos documentos quedan en la mayoría de los casos como simples declaraciones de intenciones. Tenemos que ser más consecuentes y planificar el trabajo que se debe realizar para dotar de contenido real a los documentos que se presentan. Para ello deberíamos acompañarlos de un plan de trabajo donde se establezcan claramente los objetivos que se persiguen, los medios que necesitamos y con los que contamos, las tareas que debemos realizar y los tiempos que nos marcamos. Deberíamos establecer los mecanismos de evaluación necesarios para justificar el trabajo realizado, analizar los distintos logros y paliar los contratiempos que pudieran surgir para la consecución de nuestros fines.
2- Renovación real de las direcciones. No hay nadie imprescindible. Se hace necesario que la tan aireada renovación sea real, de tal manera que se imprima frescura a las distintas direcciones y que desde IU podamos presentar a la sociedad caras nuevas que no sean las mismas que están acostumbradas a ver desde hace tantos años. Estas renovaciones no solo deben ser paritarias, sino que sepa combinar juventud con veteranía. Debemos contar con todas las sensibilidades que componen nuestra organización para esta tarea.
3- La experiencia como elemento enriquecedor. El hecho de la renovación no debe significar nunca el “borrón y cuenta nueva”. La experiencia política adquirida por nuestros dirigentes en este tiempo no debe caer en saco roto. El abandono de la primera línea no debe significar en ningún caso el cese de su labor dentro de la organización. Para ello deberían articularse los mecanismos para que, desde una segunda línea, puedan aportar su experiencia y su trabajo para el mejor funcionamiento de nuestra organización.
4- La elaboración colectiva y el consenso como señas de identidad. Para ello hay que darle un nuevo impulso a las áreas. Ambas características han sido desde el comienzo señas de identidad de IU y por ello no debemos abandonarlas. Hay que dotar a las áreas de recursos y autonomía, donde se elabore con la pluralidad que se nos presupone, y siempre en la búsqueda del consenso. Es mejor que el trabajo resultante de las áreas sea resultado del consenso de todos que grandes documentos en el que solo se refleje una parte de las sensibilidades que forman IU.
5- IU abierta a la sociedad y donde todos tengamos cabida. Para ello se hace necesario el cese de las expulsiones y de las decisiones represivas. Con estas líneas de actuación no resultamos creíbles cuando hablamos de la pluralidad de IU. También hay que tener en cuenta que si decidimos ser una fuerza abierta a la sociedad no podemos poner “vetos”. Es por ello que se hace imprescindible la readmisión dentro de IU de tod@s aquell@ compañer@s que han ido quedando por el camino en distintas purgas y procesos de expulsión.
6- El compromiso ético de IU debe ser indiscutible. “La mujer del César no solo debe ser honrada, sino parecerlo”. Hay que dotar a nuestra organización de organismos reales y operativos para ser un ejemplo ante todos de honradez. Debemos ser los primeros en poner orden en casa y evitar desde el principio casos turbios que pongan en tela de juicio el buen nombre de IU.
7- Dotar a IU de medios de difusión. Si parte de nuestra crisis se debe al boicot mediático debemos dejar de lamentarlo y poner soluciones al respecto. Internet es el medio de difusión del siglo XXI y debemos dotarnos de los medios para no solamente saber utilizarlos en provecho de nuestra organización, sino de dotarnos de herramientas que nos hagan encabezar nuestra labor política dentro del espacio virtual. Tendríamos que volcarnos en publicaciones de carácter político y buscar los medios para darle la mayor difusión posible.
8- La formación y la educación como arma política. El gran capital con el que cuenta IU es esencialmente humano. Nuestras bases son el sostén de nuestra organización. No podemos dejar de la mano la formación de nuestros militantes en los temas que abanderamos. En ningún sitio se hace política como en la calle. Para eso debemos saber todos valorar la situación actual que vivimos, cuáles son sus causas, quiénes los responsables, qué proponen otros para solucionar los problemas actuales, que proponemos nosotros, y por qué pensamos que nuestra alternativa es mejor que la de otros. La política no solo se hace en las instituciones, se hace en la calle, en los bares, en las puertas de los colegios, en reuniones con amigos,…
Estas propuestas son tan solo algunas consideraciones que creo que deberíamos tener en cuenta para que la renovación de IU sea real y creíble.
Samuel Domínguez Domingo
domingo, 31 de mayo de 2009
Sobre expulsiones y medidas represivas (jul08)
Hubo un tiempo, en una tierra muy lejana, donde aquellos que estaban oprimidos rompieron sus cadenas. Donde aquellos a los que se les negaba la palabra alzaron sus voces. Un tiempo en que aquellos que tenían hambre exigieron su derecho a comer. Un tiempo en que aquellos que morían por aquel que se decía su superior se rebelaron. Era un tiempo donde un grupo de hombres y mujeres imaginaron una utopía y lucharon por conseguir hacerla realidad.
Sin embargo, hoy en día, aquellos que se dicen herederos de aquel espíritu revolucionario, en algún momento del camino en busca de la utopía, erraron el rumbo. En la búsqueda de la libertad les negaron esta a sus compañeros. En su pelea por acabar con las clases crearon nuevas clases dominantes. En su afán por terminar con los reyes alzaron los suyos propios. En su reivindicación de que sus palabras fueran oídas acallaron al resto y se alzaron como únicos portavoces. Exigieron lealtad a los nombres en vez de a las ideas. En su celo revolucionario terminaron convirtiéndose en aquello contra lo que sus predecesores lucharon.
Hoy, igual que ayer, los individuos que se permiten pensar libremente, aquellos que niegan tutelas y adoctrinamientos, sufren persecución. Pero es el orden natural de las cosas que llegará el día en que el oprimido se levante contra el opresor, llámese este como se quiera llamar o diga representar aquello que no le pertenece.
Las ideas son patrimonio de los hombres y mujeres libres, y a estos nadie ni nada podrá hacerlos callar.
Samuel Domínguez Domingo
Sin embargo, hoy en día, aquellos que se dicen herederos de aquel espíritu revolucionario, en algún momento del camino en busca de la utopía, erraron el rumbo. En la búsqueda de la libertad les negaron esta a sus compañeros. En su pelea por acabar con las clases crearon nuevas clases dominantes. En su afán por terminar con los reyes alzaron los suyos propios. En su reivindicación de que sus palabras fueran oídas acallaron al resto y se alzaron como únicos portavoces. Exigieron lealtad a los nombres en vez de a las ideas. En su celo revolucionario terminaron convirtiéndose en aquello contra lo que sus predecesores lucharon.
Hoy, igual que ayer, los individuos que se permiten pensar libremente, aquellos que niegan tutelas y adoctrinamientos, sufren persecución. Pero es el orden natural de las cosas que llegará el día en que el oprimido se levante contra el opresor, llámese este como se quiera llamar o diga representar aquello que no le pertenece.
Las ideas son patrimonio de los hombres y mujeres libres, y a estos nadie ni nada podrá hacerlos callar.
Samuel Domínguez Domingo
REFLEXIONES (10may08)
“El hombre superior es modesto en el hablar,
pero abundante en el obrar.” (Confucio)
Desde mi modesta posición y con la inocencia, bendita inocencia, que me da el haber permanecido ajeno durante la mayor parte de mi vida a los entresijos internos que oculta la política, pretendo hacer una reflexión de aquello que, en el poco tiempo que llevo participando en IU, me ha hecho abrir los ojos, ilusionarme, desengañarme, perder la esperanza, y motivado para seguir, hoy más que ayer, luchando por los valores que uno cree justos.
Hasta hace un año permanecía ajeno a lo que algunos consideran vida política. Personalmente no creo que exista nadie ajeno a la política, tan solo personas apartidistas, desengañadas de la forma actual que hay de hacer política. Quizás conformistas o poco motivadas, aferradas a la idea de que lo que hay es inmutable y que cambiar la sociedad está más allá de sus posibilidades, pero nunca apolíticas. Hasta la persona más reacia tiene en su fuero interno una idea de cómo le gustaría que fueran las cosas, qué cambiaría de la sociedad y qué dejaría igual. Ese simple pensamiento convierte a la persona en política. Un político no es el que ocupa un sillón en la administración, es aquel o aquella que tiene ideas propias, ya se las guarde para sí mismo, ya las comparta con el resto. Y para llevar a cabo estas ideas no hace falta militar en un partido ni en un sindicato, ni estar situado en las altas esferas de poder. Para trabajar para cambiar las cosas solo hace falta querer, independientemente del ámbito en que se realice este trabajo.
Desde esta misma apatía que antes comentaba que a cierto sector de la sociedad le provoca todo aquello que tiene que ver con el ámbito político, IU ha intentado fomentar la idea de que existe otra forma de hacer política, diferente a la que propugnan los partidos mayoritarios. Una política real de izquierdas, cercana al ciudadano, donde este tiene su protagonismo. Todos tenemos algo que decir y todos tenemos derecho a que se nos escuche y se nos tenga en cuenta. IU ha abanderado la posibilidad del ciudadano de a pié de llegar a las instituciones, escuchando sus problemas y sus reivindicaciones, y haciendo de estas las suyas propias. Por una vez parecía que un grupo político no vivía de espaldas a la sociedad, sino que formaba parte de esta misma. El ámbito local ha sido nuestro gran bastión, pues es donde de forma más cercana se ve el trabajo del día a día, el interés por los problemas cotidianos y donde nuestros vecinos pueden comprobar que defendemos sus intereses. IU es y debe seguir siendo una fuerza dinámica, inquieta y trabajadora. No tenemos nada que perder y si mucho que ganar.
Sin embargo, a otros niveles institucionales, ese trabajo que se realiza en nuestros pueblos y ciudades no parece dar sus frutos. De alguna manera nuestros vecinos confían en nosotros en su ámbito más cercano, pero esa confianza flaquea cuando hablamos de representarles a niveles andaluz y estatal. Y cada vez más. Esto debería hacernos reflexionar.
El bipartidismo y la ley electoral puede ser esgrimido como causa. Quizás el boicot mediático. Pero no estaría de más que también se realizara un poco de autocrítica. Y cuando me refiero a autocrítica me refiero a una real, no basada en los reproches de lo pasado ni en el victimismo. IU es ahora lo que TODOS hemos querido que sea, ya fuera por acción o por omisión.
La elaboración colectiva del programa, la coherencia del discurso, la participación activa de las bases en las tomas de decisiones, la apertura social, la pluralidad, el debate, el respeto, las ideas por encima de los personalismos, las renovaciones de cargos,... todo ello es necesario, siempre y cuando se demuestre que es cierto. Los grandes discursos, si no vienen acompañados de actos, quedan carentes de sentido. Y dotar de sentido a nuestro discurso es tarea de TODOS.
Para el que llega de fuera y lleva poco tiempo aquí, a veces da la impresión que nuestra ocupación favorita es mirarnos el ombligo, cuando deberíamos estar trabajando en la calle. Pocas veces da la impresión que todos tengamos claro que esto no es un fin, sino un medio para cambiar la sociedad actual para mejor. No da la impresión que lo que importe sean las personas y las ideas que nos mueven. El barco se hunde, y en vez de tapar las vías y remar todos juntos en la misma dirección nos dedicamos a buscar culpables por el estado del barco. Si el barco finalmente se hunde dará igual de quien sea la culpa.
Pretendemos ilusionar a la gente con la idea de que otro mundo es posible. Que todos participen en la elaboración de un nuevo futuro. Pero si nosotros mismos no nos creemos el discurso y trabajamos por ello, si no somos capaces de ilusionarnos, ¿Cómo vamos a pretender que lo haga la sociedad? Si yo mismo, que apenas llevo aquí un año, me desilusiono con lo que veo día a día, yo, que he dado el paso a acercarme y formar parte de algo que creo que es importante y necesario, pienso que falta coherencia entre nuestro discurso y nuestros actos ¿Cómo podemos hacer creer a la sociedad que somos una alternativa de futuro para gobernar y mejorar la sociedad que nos rodea?
Como dije en un principio, quizás hable desde la inocencia o el desconocimiento de la realidad. Quizás las cosas nunca fueron como yo llegué a imaginarlas. Pero me niego a creer que nuestra utopía es irrealizable. Quizás no podamos conseguirla a un 100%, pero aunque solo logremos un 5% de ella será un gran paso. Quizás puedan decirme en el futuro que no lo conseguí, pero jamás que no lo intenté.
Aún así, hay una cosa que debemos tener clara. De la misma forma que somos responsables últimos de lo que hoy en día es IU, solo nosotros tenemos en nuestras manos nuestro futuro como organización. Y cualquier futuro positivo pasa por un ejercicio individual y colectivo de responsabilidad política e ideológica.
IU debe aspirar a ser una opción seria de gobierno, no solo en nuestros ayuntamientos, sino en Andalucía y en el estado español.
La situación en Andalucía es favorable a un cambio de izquierdas capitaneada por IU si nosotros sabemos aprovechar la oportunidad. El desgaste del PSOE y de Chaves al mando de la Junta es una evidencia. Las sucesivas victorias electorales socialistas vienen de la mano no solo de sus posibles méritos, sino de la incapacidad de la oposición de ofrecer una alternativa seria y real al actual gobierno. Con un electorado mayoritariamente de izquierdas, el PSOE ha resistido elección tras elección como alternativa a un posible gobierno de derechas. Ante esto, la sociedad andaluza lo ha contemplado como el mal menor. IU no ha sabido aprovechar esta oportunidad.
La necesidad de un discurso veraz, alternativo, de izquierdas, responsable y consecuente, representado por dirigentes coherentes, amables y con la capacidad didáctica que se le debe suponer para explicarlo a la sociedad, respaldado con el trabajo de las bases día a día y en la misma línea propuesta, y con el sólido apoyo de un programa bien elaborado y con aspiraciones de gobierno debería representarnos como una alternativa real a las políticas actuales. Hacer ver a la sociedad que la opción mayoritaria del voto no es el mal menor, sino un futuro ilusionante. En una sociedad andaluza donde la izquierda tiene tanto arraigo el bipartidismo debe ser luchado con todas nuestras fuerzas desde la unidad interna.
En Andalucía se da mejor que en ningún otro sitio la posibilidad de hacer una política transformadora. Si somos capaces de demostrar que hay otras posibilidades de hacer política y que la izquierda real no es lo que propone el PSOE, seremos capaces de calar en el colectivo. No olvidemos nunca que aunque nuestro enemigo político es el PP y la derecha, nuestro rival político es el PSOE. Debemos saber diferenciarnos de ellos, porque si no lo hacemos no seremos necesarios para esta sociedad. No hablamos de la famosa “pinza” que se esgrime cada vez que hacemos oposición. Es por ello de la capacidad didáctica que señalaba como necesidad a nuestros dirigentes. Hablamos de la necesidad de proponer alternativas reales, explicarlas, defenderlas, dejar claro que las alianzas de izquierdas no suponen cheques en blanco, sino la defensa de nuestros principios e ideales, y nuestro legítimo derecho a trabajar por llegar a convertirlas en realidad. Saber decir que no, pero esgrimiendo nuestra alternativa. Defender nuestros logros como propios y luchar para que ningún otro grupo político se apodere de ellos.
Nuestro futuro en Madrid vendrá respaldado por nuestra capacidad en Andalucía. Si somos capaces de demostrar que somos capaces de gobernar aquí existe la posibilidad de que en otros lugares también consideren en serio nuestra opción como factible.
Samuel Domínguez Domingo
pero abundante en el obrar.” (Confucio)
Desde mi modesta posición y con la inocencia, bendita inocencia, que me da el haber permanecido ajeno durante la mayor parte de mi vida a los entresijos internos que oculta la política, pretendo hacer una reflexión de aquello que, en el poco tiempo que llevo participando en IU, me ha hecho abrir los ojos, ilusionarme, desengañarme, perder la esperanza, y motivado para seguir, hoy más que ayer, luchando por los valores que uno cree justos.
Hasta hace un año permanecía ajeno a lo que algunos consideran vida política. Personalmente no creo que exista nadie ajeno a la política, tan solo personas apartidistas, desengañadas de la forma actual que hay de hacer política. Quizás conformistas o poco motivadas, aferradas a la idea de que lo que hay es inmutable y que cambiar la sociedad está más allá de sus posibilidades, pero nunca apolíticas. Hasta la persona más reacia tiene en su fuero interno una idea de cómo le gustaría que fueran las cosas, qué cambiaría de la sociedad y qué dejaría igual. Ese simple pensamiento convierte a la persona en política. Un político no es el que ocupa un sillón en la administración, es aquel o aquella que tiene ideas propias, ya se las guarde para sí mismo, ya las comparta con el resto. Y para llevar a cabo estas ideas no hace falta militar en un partido ni en un sindicato, ni estar situado en las altas esferas de poder. Para trabajar para cambiar las cosas solo hace falta querer, independientemente del ámbito en que se realice este trabajo.
Desde esta misma apatía que antes comentaba que a cierto sector de la sociedad le provoca todo aquello que tiene que ver con el ámbito político, IU ha intentado fomentar la idea de que existe otra forma de hacer política, diferente a la que propugnan los partidos mayoritarios. Una política real de izquierdas, cercana al ciudadano, donde este tiene su protagonismo. Todos tenemos algo que decir y todos tenemos derecho a que se nos escuche y se nos tenga en cuenta. IU ha abanderado la posibilidad del ciudadano de a pié de llegar a las instituciones, escuchando sus problemas y sus reivindicaciones, y haciendo de estas las suyas propias. Por una vez parecía que un grupo político no vivía de espaldas a la sociedad, sino que formaba parte de esta misma. El ámbito local ha sido nuestro gran bastión, pues es donde de forma más cercana se ve el trabajo del día a día, el interés por los problemas cotidianos y donde nuestros vecinos pueden comprobar que defendemos sus intereses. IU es y debe seguir siendo una fuerza dinámica, inquieta y trabajadora. No tenemos nada que perder y si mucho que ganar.
Sin embargo, a otros niveles institucionales, ese trabajo que se realiza en nuestros pueblos y ciudades no parece dar sus frutos. De alguna manera nuestros vecinos confían en nosotros en su ámbito más cercano, pero esa confianza flaquea cuando hablamos de representarles a niveles andaluz y estatal. Y cada vez más. Esto debería hacernos reflexionar.
El bipartidismo y la ley electoral puede ser esgrimido como causa. Quizás el boicot mediático. Pero no estaría de más que también se realizara un poco de autocrítica. Y cuando me refiero a autocrítica me refiero a una real, no basada en los reproches de lo pasado ni en el victimismo. IU es ahora lo que TODOS hemos querido que sea, ya fuera por acción o por omisión.
La elaboración colectiva del programa, la coherencia del discurso, la participación activa de las bases en las tomas de decisiones, la apertura social, la pluralidad, el debate, el respeto, las ideas por encima de los personalismos, las renovaciones de cargos,... todo ello es necesario, siempre y cuando se demuestre que es cierto. Los grandes discursos, si no vienen acompañados de actos, quedan carentes de sentido. Y dotar de sentido a nuestro discurso es tarea de TODOS.
Para el que llega de fuera y lleva poco tiempo aquí, a veces da la impresión que nuestra ocupación favorita es mirarnos el ombligo, cuando deberíamos estar trabajando en la calle. Pocas veces da la impresión que todos tengamos claro que esto no es un fin, sino un medio para cambiar la sociedad actual para mejor. No da la impresión que lo que importe sean las personas y las ideas que nos mueven. El barco se hunde, y en vez de tapar las vías y remar todos juntos en la misma dirección nos dedicamos a buscar culpables por el estado del barco. Si el barco finalmente se hunde dará igual de quien sea la culpa.
Pretendemos ilusionar a la gente con la idea de que otro mundo es posible. Que todos participen en la elaboración de un nuevo futuro. Pero si nosotros mismos no nos creemos el discurso y trabajamos por ello, si no somos capaces de ilusionarnos, ¿Cómo vamos a pretender que lo haga la sociedad? Si yo mismo, que apenas llevo aquí un año, me desilusiono con lo que veo día a día, yo, que he dado el paso a acercarme y formar parte de algo que creo que es importante y necesario, pienso que falta coherencia entre nuestro discurso y nuestros actos ¿Cómo podemos hacer creer a la sociedad que somos una alternativa de futuro para gobernar y mejorar la sociedad que nos rodea?
Como dije en un principio, quizás hable desde la inocencia o el desconocimiento de la realidad. Quizás las cosas nunca fueron como yo llegué a imaginarlas. Pero me niego a creer que nuestra utopía es irrealizable. Quizás no podamos conseguirla a un 100%, pero aunque solo logremos un 5% de ella será un gran paso. Quizás puedan decirme en el futuro que no lo conseguí, pero jamás que no lo intenté.
Aún así, hay una cosa que debemos tener clara. De la misma forma que somos responsables últimos de lo que hoy en día es IU, solo nosotros tenemos en nuestras manos nuestro futuro como organización. Y cualquier futuro positivo pasa por un ejercicio individual y colectivo de responsabilidad política e ideológica.
IU debe aspirar a ser una opción seria de gobierno, no solo en nuestros ayuntamientos, sino en Andalucía y en el estado español.
La situación en Andalucía es favorable a un cambio de izquierdas capitaneada por IU si nosotros sabemos aprovechar la oportunidad. El desgaste del PSOE y de Chaves al mando de la Junta es una evidencia. Las sucesivas victorias electorales socialistas vienen de la mano no solo de sus posibles méritos, sino de la incapacidad de la oposición de ofrecer una alternativa seria y real al actual gobierno. Con un electorado mayoritariamente de izquierdas, el PSOE ha resistido elección tras elección como alternativa a un posible gobierno de derechas. Ante esto, la sociedad andaluza lo ha contemplado como el mal menor. IU no ha sabido aprovechar esta oportunidad.
La necesidad de un discurso veraz, alternativo, de izquierdas, responsable y consecuente, representado por dirigentes coherentes, amables y con la capacidad didáctica que se le debe suponer para explicarlo a la sociedad, respaldado con el trabajo de las bases día a día y en la misma línea propuesta, y con el sólido apoyo de un programa bien elaborado y con aspiraciones de gobierno debería representarnos como una alternativa real a las políticas actuales. Hacer ver a la sociedad que la opción mayoritaria del voto no es el mal menor, sino un futuro ilusionante. En una sociedad andaluza donde la izquierda tiene tanto arraigo el bipartidismo debe ser luchado con todas nuestras fuerzas desde la unidad interna.
En Andalucía se da mejor que en ningún otro sitio la posibilidad de hacer una política transformadora. Si somos capaces de demostrar que hay otras posibilidades de hacer política y que la izquierda real no es lo que propone el PSOE, seremos capaces de calar en el colectivo. No olvidemos nunca que aunque nuestro enemigo político es el PP y la derecha, nuestro rival político es el PSOE. Debemos saber diferenciarnos de ellos, porque si no lo hacemos no seremos necesarios para esta sociedad. No hablamos de la famosa “pinza” que se esgrime cada vez que hacemos oposición. Es por ello de la capacidad didáctica que señalaba como necesidad a nuestros dirigentes. Hablamos de la necesidad de proponer alternativas reales, explicarlas, defenderlas, dejar claro que las alianzas de izquierdas no suponen cheques en blanco, sino la defensa de nuestros principios e ideales, y nuestro legítimo derecho a trabajar por llegar a convertirlas en realidad. Saber decir que no, pero esgrimiendo nuestra alternativa. Defender nuestros logros como propios y luchar para que ningún otro grupo político se apodere de ellos.
Nuestro futuro en Madrid vendrá respaldado por nuestra capacidad en Andalucía. Si somos capaces de demostrar que somos capaces de gobernar aquí existe la posibilidad de que en otros lugares también consideren en serio nuestra opción como factible.
Samuel Domínguez Domingo
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